AMABILIDAD FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO

AMABILIDAD FRUTO DEL ESPÍRITU SANTOAMABILIDAD FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO.

“La boca amable multiplica sus amigos, la lengua que habla bien multiplica las afabilidades”. (Eclesiástico 6,5).

San Pablo dice que el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; (Gálatas 5,22-23).

La afabilidad, es la virtud que nos induce a poner en nuestras palabras y toda acción que nace de nosotros para contribuir a una vida cordial, agradable, es decir hacer amable y placentero el trato con los hombres.

Ciertamente, esta es una virtud preferentemente social, pero muy necesaria moralmente para la convivencia humana, pero por sobre todo, es una de las más exquisitas y características formas de vida y de trato del auténtico espíritu cristiano.

El Señor, emplea una frase que muestra plenamente su afabilidad: “Manso y humilde de corazón (Mt 11,29). Así como Jesús se caracteriza en lo más profundo de su ser por la afabilidad y por la humildad, y así los hijos del reino deben caracterizarse.

La gracia transforma a una persona, haciéndola encantadora y amable, delicadeza de un corazón afectuoso, que desea vivir en armonía y cordialidad con sus semejantes, amante de la caridad, que conoce de la paciencia, la humildad y la disponibilidad para vivir en comunión con sus hermanos.

Son muchas las formas que tenemos para dar e invitar a todos vivir la simpatía. “Por sus palabras se hace amable el sabio” (Eclesiástico 20,13).

La cordialidad y el cariño de nuestros semejantes, y no debe ser nada más agradable a Dios, que tratar al prójimo de buena forma, con trato agradable y afectuoso, eso es servir a Dios en verdad. “hijos, yo os recomiendo que sirváis a Dios en verdad y hagáis lo que es agradable en su presencia”. (Tobías 14,8).

San Pablo, a Timoteo recomienda acciones de gracias, de vida amable, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad y dice que esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, (Cfr. 1 Timoteo 2,3).

Por tanto, la humanidad, el trato delicado, la alabanza sencilla y natural, el buen recibimiento, la indulgencia, el agradecimiento manifestado con entusiasmo, el trato cordial, la bondad, la exquisita educación y urbanidad en palabras y modales, son actos que estimulan la atracción y simpatía en torno nuestro.

En efecto, un trato amable, invita a una mejor forma de vida y relación con nuestros semejantes.

Es así, como la amabilidad debe tener por objeto propio no solo agradar a quienes nos rodean, sino que además, vivir en paz con todos, y conseguir el bien común.

Enviado por: Diacono Antonio Bobadilla.