DIOS DICE NO A LA VIOLENCIA NO NOS HAGAMOS LOS SORDOS

DIOS DICE NO A LA VIOLENCIA NO NOS HAGAMOS LOS SORDOSDIOS DICE NO A LA VIOLENCIA NO NOS HAGAMOS LOS SORDOS.

Dios, nos es partidario de la violencia, así nos lo enseña las escrituras: “El Señor miró propicio a Abel y su ofrenda, mas no miró propicio a Caín y su ofrenda, por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro. El Señor dijo a Caín: “¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro?. ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo?”. – Los hombres contrarios a la violencia, no le irritan los celos, y miran de frente con la frente en alto-. Lleno de celos, porque Dios había mirado con buenos ojos a su hermano;”

Caín, dijo a su hermano Abel: -Vamos afuera-. Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató. El Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Contestó: – No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano? – Replicó El Señor: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas” (Gén 4, 4-11).

A Jesús tampoco le parece bien la violencia; Jesús le dijo: “Amigo, ¡a lo que estás aquí!” Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja. Dícele entonces Jesús: « Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. (Mt 26,50-52).

“Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.

A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda. “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial. (Mt 5, 38-48).

Enviado por: Diacono Antonio Bobadilla.