LA FORMACIÓN DEL HIJO CRISTIANO

LA FORMACIÓN DEL HIJO CRISTIANOLA FORMACIÓN DEL HIJO CRISTIANO.

Hijo es, en primer lugar, es el que recibe de un padre vida, educación, bienes para vivir y posición en la sociedad. Pero es también el que está siempre con su padre, lo escucha, le obedece y es fiel ejecutor de sus planes.

El hijo es la persona de la que el padre puede fiarse incondicionalmente, que puede representarlo y realizar sus encargos. Todo esto está detrás de las expresiones usadas por Jesús: “el Hijo querido, en el cual el Padre se ha complacido” (Mc 1,11) y Dios se complace, en saber que sus hijos han aprendido a ser hombres que van por el mundo haciendo el bien, como su Hijo Jesucristo.

Y junto con la familia, las escuelas entregan la instrucción educacional de un niño, pero los ejemplos de cómo vivir en el amor se aprenden en la familia, con respeto de los padres a los hijos y estos a sus padres, que son nuestro prójimo más inmediato, entonces como consecuencia aprendemos a cumplir los mandatos de Dios, como honrar padre y madre, no planificando matar a todo ser que se está concibiendo, no deseando la mujer del prójimo con ejemplos de fidelidad conyugal, amando al prójimo como a nosotros mismos, actitudes básicas que demuestran que entendemos que lo primero es amar a Dios sobre todas las cosas y en amor a Dios, e imitando a la Virgen María, amando a la familia como una institución sagrada.

En efecto, en la familia nace y reside el más apropiado sitio para aprender todos los buenos valores con los cuales ha de vivir alguien que ama a Dios, entonces la organización social de los hombres tiene su sitio más importante en la familia, allí el amor enseña la diferencia de lo bueno y lo malo con lo cual se enfrentará el hombre en el ambiente externo, en una unión matrimonial fuerte se implanta desde muy temprana edad firmemente los valores con los cuales los hombres aprenderán a convivir en forma armoniosa en la sociedad.

La pérdida progresiva de las cualidades morales va produciendo la agonía de la familia, los jóvenes ya no quieren asumir la responsabilidad del matrimonio y consideran gracioso vivir en parejas, la ausencia de interés por la vida familiar, va debilitando cada vez más esta institución del matrimonio que viene de Dios, adoptando de esta forma una actitud irreverente, a lo cual no podemos ser permisivos.

El hombre y la mujer unidos en matrimonio, se hacen padre y madre, cumpliendo de este modo el más importante papel de su vida al participar en la familia, por ella se desarrolla y se forma un niño, entregándole no solo las necesidades básicas, también las del amor, que es la fuente de vida de todo ser.

Es así como Dios pensó como debía formarse su Hijo, es así como también le entregó a la mujer un don especial, la maternidad, pero no solo para engendrar, sino que para formar, educar, cuidar y participar activamente en la primera etapa de vida de sus hijos, es así como el entregó a María la responsabilidad de criar a su único Hijo.

Enviado por: Diacono Antonio Bobadilla.